Cristina y Donald. Un tándem de vida

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La de Cristina es la historia de una mujer que luchó por sus sueños. Una chica “que solo pensaba en ella” hasta que un niño de 5 años se cruzó en su camino. Ocurrió en África, hace ya 14 años. Donald era mucho más vulnerable que cualquier crío de su edad: con una discapacidad intelectual severa y en un país donde la educación especial está todavía hoy dando sus primeros pasos… Poco futuro había allí para él.

Nada más verlo, Cristina sintió que un fuerte lazo les unía: “algo parecido a la historia del hilo rojo, creo que yo nací para ayudar”, confiesa. Tras un proceso de adopción durísimo, “un embarazo normal dura 9 meses, el mío duró 9 años”, Donald se convirtió legalmente en el hijo de Cristina Medina, la niña de sus ojos, a la que no pierde de vista ni un segundo. “Es una de las características de los niños que han padecido el abandono materno, temen volver a perder a su madre”, explica haciendo repaso de todo lo transcurrido hasta hoy.

“Juntos hemos vivido muchas primeras veces: ver un espejo, subir o bajar unas escaleras, aprender hábitos sociales, autonomía personal, clases de logopedia y todo tipo de actividades para estimularle… la adaptación ha sido muy muy dura, también para él”, cuenta esta mujer que ha aprendido “a ponerse la coraza ante las miradas y comentarios de la gente”.

Las personas con discapacidad necesitan los mismos derechos que cualquiera

Con mucho esfuerzo, Cristina ha conseguido hacer de Donald un niño, un joven, muy feliz: “siempre lo ha sido y eso es lo que me llena de satisfacción”. Feliz… y muy fuerte. Si en aptitudes intelectuales Donald vive estancado en los 2 años de edad, físicamente siempre ha sido de complexión atlética. Así que Cristina decidió estimularlo potenciando su punto fuerte. Saber ver el lado bueno, incluso en la dificultad, en eso consiste la vida, y salir adelante: “buscar soluciones para sobrevivir de la mejor manera posible”, apunta Cristina.

Claro que con una incapacidad intelectual severa, aprender disciplinas deportivas no es fácil. Siempre tiene que haber alguien al lado, dispuesto a ayudar. Y ese alguien, en este caso, es Cristina. Si estimular a Donald implica que Cristina tenga que tirarse a la piscina, allá va; y esa forma de ser es la que ha conseguido hacer de Donald un chico muy deportista: tardó cuatro años en aprender a nadar, pero al final lo consiguió y hoy tiene alguna Copa de Campeón y alguna medalla de Oro en Natación. También ha aprendido a pedalear, esquí, piragüismo, ha hecho el descenso del río Sella y el Camino de Santiago ¡dos veces!, la última con Fundación Telefónica.....

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